
Después de mi últimas entradas sobre el Quijote original de Cervantes (Parte 1 y Parte 2) he decidido proseguir la historia del ingenioso hidalgo y me he atrevido a leer por primera vez el Quijote Apócrifo. Esta obra, conocida originalmente Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha (1614), también se conoce con el nombre del Quijote de Avellaneda, pues su autor fue Alonso Fernández de Avellaneda, el pseudónimo de alguien todavía desconocido, aunque muchos expertos del tema han atribuido su verdadera autoría a diferentes autores. Las razones que me han llevado a profundizar en esta obra han sido las referencias que he encontrado en algunos manuales de literatura, las referencias cruzadas entre la obra cervantina y la apócrifa y el posicionamiento de algunos autores que consideraron que esta obra representada una continuidad lineal con respecto a la primera parte original mientras que la segunda obra de Cervantes representó un santo cualitativo de la obra. En algunos sesudos comentarios llegué a encontrarme la idea explícita que el Quijote de Avellaneda representaba una mejora de la primera parte, mientras que la segunda parte de Cervantes lograba con creces superar las dos primeras, la suya y la de su desconocido rival. Personalmente he de decir que nada de esto he encontrado.
En primer lugar, la obra apócrifa nada tiene que ver con la obra de Cervantes. A nivel de personajes, más que una continuidad, representa una transformación (o incluso involución) de los personajes. Don Quijote se muestra más loco y agresivo, habiendo poca de aquella genialidad oculta que los románticos e idealistas alemanes bien supieron analizar (aquí los materialistas tendrán sus evidentes objeciones y críticas). Incluso llega a abandonar a Dulcinea, algo impensado en la obra de Cervantes. Sancho, por otra parte, aparece como un simple acompañante marcado por la gula, la pereza y la mala educación. Aunque esto sí haya tenido un peso decisivo a nuestro favor porque es más que probable que Miguel de Cervantes haya acentuado algunos de los rasgos de los personajes, incluyendo descripciones psicológicas, a partir de la mayor simplicidad de esta segunda obra apócrifa. Esto se puede ver en muchos comentarios de don Quijote en el final de la obra cuando el caballero, después de su derrota decide hacerse pastor o cuando Sancho por algunos momentos parece haber agudizado su ingenio después del desastre de la gobernación de la ínsula de Barataria.
En segundo lugar, el que la segunda obra de Cervantes supere la primera y por ende, la de su rival, es algo verdaderamente subjetivo, y aunque no contradigo este enunciado, éste parte del hecho de que la segunda parte es necesariamente mejor que la primera, algo que personalmente pondría en duda. La obra original del ingenioso hidalgo es una obra magnífica y nada tiene que envidiar a la segunda parte del mismo autor. Decir que la segunda parte supera a la primera puede hacernos caer en el error de despreciar algunos de sus elementos que no vuelven a repetirse en la segunda parte, incluyendo la historia del cautivo o los tremendos sucesos que ocurren en el ya analizado capítulo 25. Aquí puedo decir, que aunque la obra de Avellaneda no llega a superar realmente a ninguna de las dos partes originales, sí ofrece entretenimiento y es una obra digna de lectura. Pero debe partirse del hecho de que se trata de un libro distinto, con otro autor y con otra finalidad, pues el final moralizante de muchas de las obras modernas es evidente y es algo que también podemos encontrar en las Aventuras del bachiller Trapaza (1637). Mientras en la obra original, podemos ver una verdadera obra magna y barroca que aglutina y reconstruye muchas de las formas literarias de la historia (teatro, picaresca, poesía, novela pastoril, entre otros muchos otros), en el Quijote de Avellaneda, la narración se hace más lineal, habiendo algunos elementos poéticos que no deben ser desestimados y algunas narraciones que llenan el tomo intermedio de la obra (la sexta parte) y que son análogas a las historias que se narran en la primera parte del Quijote, cuando los personajes se reúnen en la venta.
En tercer lugar, he de decir que al menos a mi parecer sí ha merecido la pena leer esta obra. El castellano moderno, lleno de cultismos y palabras ya perdidas en la historia, ha sido algo difícil, pero dos semanas han sido más que suficientes para poder finalizar su lectura y tomar apuntes de aquellas notas de merecen nuestro interés. En este caso he elegido la edición de Alfredo Rodríguez López-Vázquez para la editorial Cátedra. Es una edición simple que mantiene el castellano original de la obra, aunque recibe una moderada incorporación de fuentes y explicaciones. Para acompañar esta entrada, no he podido contar con las ilustraciones de Doré ya que este conocido y querido grabador no llegó a trabajar en esta obra menos conocida. En su lugar he encontrado dos trabajos. En primer lugar las ilustraciones de Clouzier para Nouvelles aventures de l’admirable Don Quichotte de la Manche, en su edición de 1716, traducidas al francés por Alain René Le Sage y cuya primera edición se remonta a 1704, por la editorial Compagnie des Libraires. En segundo lugar, he encontrado la edición alemana de Caspar Fritsch, Leben und Thaten des weisen Junkers Don Quixote von la Mancha. Aus der Urschrift des Cervantes, nebst der Fortsetzung des Avellaneda, editada en 1775 en Leipzig y traducidas por F. Bertuch. En este caso he tenemos las ilustraciones de Daniel N. Chodowieck de una edición anterior, esta vez apuntaladas y readaptadas por Berger. En total son pocas ilustraciones y las otras que he podido encontrar no merecen la pena. Espero que os haya gustado esta entrada que completa de alguna manera mi anterior aventura con el caballero de la Mancha.
Quinta parte
Capítulo 1. Continua la historia dejada tras el regreso de don Quijote en la primera parte de Cervantes. En esta obra, la villa es identificada con Argamasilla. Don Quijote (aquí Martín Quijada) parece recobrar temporalmente el juicio a través de lecturas religiosas. La sobrina (llamada Madalena) muere en este capítulo y Sancho Panza le menciona un libro de caballería que promete traerla. Al final del capítulo aparece Aluaro Tarfe con un grupo de hombres que van a Zaragoza para los torneos que allí se celebran.
«Yo le quiero tomar por deuoto de aqui adelante por si me viere en algun trabajo, como aquel de los batanes de marras, o manta de la venta, me ayude, ya que v. m. no pudo saltar las bardas del corral».
Capítulo 2. Álvaro Tarfe se hospeda en casa de don Quijote. De esta manera él descubre que no parece muy cuerdo. Le habla de Dulcinea y poco después entra en Sancho y continúan la plática. Aparece la respuesta que Dulcinea dio a don Quijote por carta.
«Quiere saber, señor don Tarfe, lo que hizo la muy zurrada quando la lleuè essa carta, que aora mi señor quiere leer? estauase en la caualleriza, la muy puerca, porque llouia, hinchendo vn seron de basura con vna pala; y quando yo le dixe que le trahia vna carta de mi señor , (infernal torçon le dè Dios por ello) tomò vna gran palada del estiercol que estaua mas hondo y mas remojado, y arrojomele de boleo, sin dezir agua va, en estas pecadoras barbas».
Capítulo 3. Los viajeros se despiden finalmente de don Quijote y de los allí presentes. Sin embargo, antes de marchar hacia la ciudad, le pide que le guarde un baúl con armas y armadura que no necesita. El libro, el recuerdo ingrato de Dulcinea y ahora las armas son los ingredientes clave para que don Quijote quiera retomar las aventuras.
«Señor pecador de mi, dezia Sancho Pança, que yo no soy Princesa, ni Cauallero, ni essa señora Maga que dize, sino el negro de Sancho Pança, su vezino y antiguo escudero, marido de la buena Mari Gutierrez, que ya v. m. tiene medio viuda, desventurada de la madre que me pario y de quien me metio aqui».
Capítulo 4. Don Quijote y Sancho Panza consiguen salir de Armesilla. Ahora, don Quijote se hace llamar El Caballero Desamorado. Ambos llegan a la venta del ahorcado. Allí conocen al ventero y a la Gallega, una mujer que pide justicia a don Quijote.
«Si quiere posada, entre, que le daremos buena cena y mejor cama, y aun si fuere menester, no faltara vna moça Gallega que le quite los çapatos, que aunque tiene las tetas grandes, es ya cerrada de años y como v. m. no cierre la bolsa, no aya miedo que ella cierre los braços, ni dexe de recebirle en ellos».
Capítulo 5. Tras un pequeño altercado, deciden abandonar la venta, que para don Quijote sigue siendo un castillo. Antes de partir, le dice a la Gallega que le dará la justicia que pide y por ello le pide a Sancho que le entregue un dinero.
«O sandio y vil Cauallero, assi has ferido en el rostro a vna de las mas fermosas fembras, que a duras penas en todo el mundo se podra fallar, pero no querra el cielo que tan grande follonia y sandez quede sin castigo».
Capítulo 6. De camino a Zaragoza tiene lugar la aventura del vigilante de los melones. Tras la derrota de don Quijote, descansan en una cabaña, pero el dueño vuelve con unos compañeros y los apalean, robándoles el caballo y el rocín.
«Entraron en la cabaña, llamandolos ladrones, y robadores de la haziendoa agena, acompañando estos requiebros con media dozena de palos, que les dieron muy bien dados, antes que se pudiessen leuantar, y a don Quixote (que por su desgracia se auia quitado el morrion) le dieron tres, o quatro en la cabeça, con que le dexaron medio aturdido, y aun muy bien descalabrado, pero Sancho lo passo peor, que como no tenia reparo de coselete, no se le perdio garrotazo, en costillas, braços, y cabeça, quedando tambien atordido, como lo quedaua su amo».
Capítulo 7. A duras penas, molidos, llegan a Ateca. Allí reciben la burla de sus habitantes, pero entre ellos, aparece Valentín, un clérigo, que parece que entiende la enfermedad de don Quijote y los acoge. Él se encarga de que le devuelvan lo suyo y permanecen cuidados en su casa durante unos ocho días. Al salir, discute con don Quijote sobre la realidad de los caballeros andantes, pero est a vez es Sancho quien compensa su grosería.
«Señor Quijada, se podra yr quando fuere seruido, pero aduierta que yo no soy Lirgando, esse mentiroso sabio que dize, sino vn Sacerdote honrado que, mouido de compasion de ver la locura en que v. m. anda con sus quimeras, y Cauallerias, le he recebido con fin de dezirle y aconsejarle lo que haze al caso, y aduertirle a solas, de las puertas adentro de mi casa, como anda en pecado mortal dexando la suya, y su hazienda con aquel sobrinito que tiene, andando por essos caminos como loco, dando nota de su persona, y haziendo tantos desatinos, y aduerta que alguna vez podra hazer alguno por el qual le prenda la justicia, y no conociendo su humor le castigue con castigo publico, y publica deshonra de su linage; o no auiendo quien le favorezca ò conozca, quiça por auer muerto alguno en la campaña, tomando de su locura, le cogera tal vez la hermandad, que no consiente burlas, y le ahorcara, perdiendo la vida del cuerpo, y lo que peor es, la del alma».
Capítulo 8. Finalmente llegan a Zaragoza, pero llegan tarde. Las justas ya terminaron. Debido a la aglomeración de la gente, Sancho se separa de su amo y éste se mete en un problema al tratar de defender a un ladrón al que están haciendo escarnio público. Don Quijote es arrestado por la justicia y Sancho, desamparado, teme lo peor.
«Que diablos decis hombre de Satanas? tiraos a fuera, estays loco? O, santo Dios, y quien pudiera pintar la encendida colera que el coraçon de nuestro Cauallero se apoderò en este punto, el qual hazien dose vn poco atras arremetio con su lançon para el pobre del escriuano, de suerte, que si no se dexara caer por las ancas del rocin, sin duda le escondiera don Quijote en el estomago el hierro mohoso del lançon, mas esto fue causa de que nuestro Cauallero errase el golpe».
Capítulo 9. Sancho Panza se encuentra con Álvaro Tarfe, al cual pide que socorra a su señor. Él de buen grado lo hace y gracias a su posición logra que dejen libre a don Quijote.
«Vaya viendose en mi como en vn espejo, lo que por todos los Reynos del mundo, insulas y peninsulas, he hecho y pienso hazer, hasta ganar el grandissimo imperio de Trapisonda, y ser casado alli con vna hermosa Reyna de Inglaterra, y tener en ella dos hijos auidos por muchas lagrymas, promesas y oraciones. El primero de los quales, porque nacera con vna señal de vna espada de fuego en los pechos, se llamarà el de la ardiente espada; el otro, porque en el lado derecho tendra otra señal parda de color de azero a modo de vna maça significadora de las terribles maçadas que ha de dar en este mundo, se llamará Mazinbruno, de Trapisonda».
Capítulo 10. Tras quedar libre, llevan a don Quijote y a su escudero a una posada para que reposen merecidamente. Allí reciben cuidado y comida. También se habla del juego de la sortija.
«A la voz grande que dio subieron vn page y Sancho Pança, y entran do dentro del aposento, hallaron a don Quixote las bragas caydas, hablando con los juezes mirando al techo y como la camisa era vn poco corta por delante, no dexaua de descubrir alguna fealdad, lo qual visto por Sancho Pança, le dixo: cubra señor desamorado, pecador de mi, el etcetera, que aqui no hay juezes que le pretendan echar otra vez preso, ni dar doscientos açotes, ni sacar a la verguença, aunque harto saca v. m. a ella las suyas sin paraque, que bien puede estar seguro».
Capítulo 11. Tienen lugar los juegos de la sortija. Al ganar, don Quijote ofrece las cintas a una vieja, pero ésta lo rechaza.
«Sapientissima Vrganda la desconocida, este vuestro Cauallero, a quien tanto siempre vos aueys fauorecido en todas las ocasiones os suplica le perdoneys el atreuimiento, y recibays estas peregrinas cintas, hechas, segun estoy informado, del mismo aue Fenix, y tenedlas en mucho, porque valen vna ciudad».
Capítulo 12. Don Quijote es invitado a cenar en la casa de don Carlos. Sancho acude más tarde y allí todos los caballeros se ríen de las sandeces que cuenta el escudero. Al final de la cena, aparece el gigante Bramidan de Tajayunque, Rey de Chipre y don Quijote acepta el combate contra su persona.
«No son sino estas pelotillas de carne, dixo don Carlos dandole el plato, el qual tomò Sancho, y vna a vna, como quien come vn razimo de vuas, se las metio entre pecho y espalda, con harta marauilla de los que su buena disposicion ueyan; y en acabando de comerlas, dixo: ò, hideputa, traydores, y que bien me han sabido, pardiez que pueden ser pelotillas con que jueguen los niños del lymbo, a fe que si torno a mi lugar que vn huerto que tengo junto a mi casa, he de sembrar por lo menos vn celemin dellas.».










Sexta parte
Capítulo 13. Don Quijote, sometido a sus locuras, vuelve a hacer de las suyas, creyendo que lucha contra el gigante. Tras el suceso, se despide de don Álvaro y se marcha hacia la Corte.
«Empeçò a jugar del lançon por todas parte con tanto desatino, que aqui derribaua al vno, acullà descalabraua al otro, y todo tan a saluo, por auer salido de ningunas armas, que era juyzio oyr los gritos, y maldiciones de los heridos, y lo peor fue que, para asegurarse de ellos, cerrò tras si el aposento de Sancho, y se puso con el lançon en la puerta del de los criados, diziendo: veamos si todos juntos, o viles malandrines, me ganareys la famosa puente deste inexpugnable baluarte».
Capítulo 14. Por el camino Sancho Panza se encuentra con un soldado llamado Antonio de Bracamonte que ha estado en Flandes. Tras un pequeño enfrentamiento, hacen las paces. Por el camino también se encuentran con un ermitaño llamado fray Esteban. Todos juntos pasan por Ateca y allí son recibidos por Valentín, que los aloja en su casa. Al salir del lugar, deciden descansar bajo unos árboles y a las afueras se encuentran tres hombres: dos canónigos y un jurado. Ambas partes deciden conversar y compartir el descanso.
«Preguntò al hermitaño al oydo que cosa fuesse, a lo qual respondio que no sabia otra cosa mas que cerca de Çaragoça auia topado con el, y aquel labrador su criado, hombre simplicissimo, y que a lo que imaginaua se auia buelto loco leyendo libros de Cauallerias, y con aquella locura segun estaua informado auia vn año que andaua de aquella suerte por el mundo, teniendose por vno de los Caualleros andants antiguos, qu een tales libros se leen, y que si queria gustar vn poco del, que le diesse materia en assentandole alli, y oyria marauillas».
Capítulo 15. Estando todos descansando, el soldado decide contar una historia titulada El Rico desesperado, una historia muy trágica que empieza con una boda y una inocente amistad.
«Casaronse en efecto los dos rezien salidos de sendos Conuentos, con grandes fiestas y uniuersales regozijos, y estuuieron casados tres años, al cabo de los quales concibio la dama, y viendola su marido preñada, perdia el juyzio de contento, sin auer regalo en el mundo que no fuesse para su muger, acariciandola y poniendola sobre su cabeça, con increyble desuelo y mil amorosas ternuras».
Capítulo 16. Aquí se narra la segunda parte de la historia del rico desesperado.
«Por cierto, señor mio, qu esabeys dissimular lindamente, y que anda aora bien ligera essa lengua que anoche tan muda tuuistes conmigo; ydos de ahi con Dios, y no me hableys por lo menos oy en todo el dia, que bien lo aure menester todo para desanojarme del enojo que tengo con vos tan justamente, y aun despues de passado os serà menester me pidays perdon, y no serà poco si os lo concedo».
Capítulo 17. En este capítulo, el ermitaño empieza su historia de Los felices amantes, que narra la desdichada historia de doña Luisa y don Gregorio.
«Madre de Dios y VIrgen purissima, sabe el cielo y sabeys vos quanto siento el ausentarme de vuestros ojos, pero estan tan ciegos los mios por el moço que me lleua, que sin hallar fuerças en mi con que resistir a la passion amorosa que me lleua tras si, voy yo tras ella sin reparar en los inconuenientes y daños que me estan amenaçando».
Capítulo 18. El ermitaño prosigue con su historia. En esta parte los amantes viajan a Lisboa y a partir de entonces sufren graves penurias.
«Aqui fue el llorar, hecha otro hijo prodigo, de la afligida doña Luysa y el considerar la abundancia que tenia en el Monasterio de donde era Priora, aqui el arrepentirse de auer salido tan inconsideradamente del, con don Gregorio, con tan graue ofensa de Dios y tan en deshonra de los linages de entrambos».
Capítulo 19. La historia prosigue. Los amantes se separan.
«Quando se vio sola començò de nueuo a derramar lagrymas, parte de dolor por sus culpas y parte de agredecimiento por la nunca oyda merced que la misericordiosissima Maria le auia hecho, y haziendole vna breue oracion, llena de feruorosos desseos y celestiales conatos, descolgò de la cabecera de su cama vnas gruessas disciplinas que solia tener en ella, y tomandolas se dio con ellas, por espacio de media hora, vna cruelissima disciplina sin ninguna piedad, por principio de la rigurosa penitencia que pensaua hazer todos los dias de su vida, de aquel sacrilego y deshonesto cuerpo, de cuya roja sangre quedò el suelo esmaltado en testimonio del verdadero dolor de sus pecados».
Capítulo 20. El ermitaño da fin a la historia de Los felices amantes. Ambos terminan haciendo penitencia por sus pecados y mueren a la vez tras una vida religiosa.
«Yo soy don Gregorio, el malo, el sacrilego, el aleue, el traydor, y finalmente el peor de los hombres, y el ygual a Lucifer en los pensamientos, pues los puse en quien era esposa de mi mismo Dios, cielo suyo y niñas de sus ojos».
Capítulo 21. Tras la historia del ermitaño, Sancho quiere contar él un cuento. Resulta ser de nuevo un cuento de nunca acabar que enfada a don Quijote y provoca la risa del resto. Al final, el grupo se despide de los canónigos.
«Maldigate Dios a ti, y a quien tiene paciencia para oyrte. Ya es la sgeunda vez que me desbarata, replicò Sancho, y creo que es de imbidia de ver la grauedad de la historia y la elegancia con que la refiero, y si eso es, dela por acabada».
Capítulo 22. El grupo de don Quijote se encuentra con los gritos de auxilio de una mujer. Al principio cree que se trata de la sabia Urganda, luego de Zenobia, reina de las Amazonas. Tras ir Sancho a investigar, al final encuentran a una mujer atada que el ermitaño reconoce como Bárbara la de las cuchilladas. Al rescatarla, ésta les narra algunos aspectos de su vida.
«Señor don Quixote, dixo Sancho, dexeme a mi, que a cachetes harè yo mas en vn dia que otros en vna hora y si puedo poner vn poco de tierra en medio, como aya abundancia de guijarros, quedarà la vitoria por mia y muertos todos los Gigantes, aunque tope vn cayz dellos».
Capítulo 23. Bárbara prosigue su historia, delatando a Martín de Martes como el artífice de su desdicha. Quijote le promete ayudarme e incluso le promete un reino. Al final del capítulo, el soldado y el ermitaño le dicen a don Quijote que deben partir hacia Ávila y hacia Cuencia respectivamente.
«Señor Cauallero, respondio ella, beso a v. m. las manos, por la buena obra que sin auerle seruido me haze; yo quisiera ser de quinze años, y mas hermosa que Lucrecia para seruir con todos mis bienes auidos y por auer a v. m. pero puede creer que si llegamos a Alcala le tengo de seruir alli, como lo verà por la obra, con vn par de truchas que no passen de los catorze, lindas a mil marauillas, y no de mucha costa».
Capítulo 24. Esa noche la pasan en una pasada y al día siguiente don Quijote y Sancho Panza se despiden de sus compañeros. Ese mismo día llegan a la ciudad de Sigüenza. Don Quijote hace pegar unos carteles por la ciudad para enfrentarse a aquel que niegue la hermosura y altura de la reina Zenobia. Sancho Panza es inicialmente detenido por ello, pero lo sueltan al encontrarse el alguacil y el corregidor con don Quijote y descubrir, gracias también a un testimonio, que es un hombre que ha perdido el juicio.
«El Cauallero desamorado, flor y espejo de la nación Manchega, desafia a singular batalla aquel ò aquellos que no confessaren que la gran Zenobia, Reyna de las Amazonas que conmigo viene es la mas alta y fermosa fembra que en la redondez del vniverso se halla, que sera defendida con los filos de mi espada su rara y singular belleza en la Real plaça desta Ciudad, desde mañana a medio dia, hasta la noche; y el que intentare salir en batalla con dicho Cauallero desamorado ponga su nombre en el pie deste cartel».





Séptima parte
Capítulo 25. Don Quijote, Sancho y la reina Zenobia terminan saliendo de Sigüenza y en el camino hacia Alcalá se encuentran un par de estudiantes que comparten con ellos algunas coplas.
«Por vida de mi amamantissima muger Mari Gutierrez, que es sola mi consorte, por no permitir otra cosa nuestra madre la Iglesia, señora Reyna Zenobia, que quando la miro con tan vellaca cara, y en ella con esse rasguño mal igual, vestida por otra parte toda de colorado, me parece que veo pintiparada vna yegua vieja quando la acaban de desollar para hazer de su duro pellejo harneros y cribas».
Capítulo 26. Por el camino, viéndose tarde para llegar a la ciudad, terminan en una venta. Allí se encuentran con un grupo de representantes que les juegan una mala pasada.
«O, señor Pagano, el mas honrado que ay en todas las paganerias, por las llagas del señor san Lazaro, que santa gloria aya, le ruego que tenga misericordia de mi; y si es seruido, antes que me coma mande v. m. dexarme yr a despedirme de Mari Gutierrez mi muger, que es colerica, y si sabe que v. m. me ha comido sin que yo me aya despedido della, me ternà por grandissimo descuydado, y no podre despues verla vna buena cara».
Capítulo 27. En este capítulo prosiguen las burlas de los representantes. Al día siguiente, éstos se han marchado ya de la venta y han han dejado pagada la cuenta de don Quijote. Mientras, Sancho Panza y la reina Zenobia siguen discutiendo. Al final, ella termina decidida en acompañarlos hasta la corte.
«Respondio Sancho: en que cargara en la mar, como hazen las nuues, lo que despues a pura fuerça de truenos y relampagos, descargarà en lluuia sobre la tierra, que esso hara si se empreñare en el agua, pues a fuerça de gritos y suspiros haura despues de vaciar su cargazon, que en lo demas llano es que todas las mugeres se parecen a las nuues, de las quales por experiencia sabemos donde y como descargan, lo mismo que ignoramos donde y como se entrò en ellas».
Capítulo 28. Don Quijote, Sancho y la reina Zenobia (Bárbara) llegan a Alcalá. Mientras buscan alojamiento, don Quijote se mete un problema con unos estudiantes creyendo que detrás del carro se encuentra un mago encantador, pero finalmente es devuelto a la posada donde le curan las heridas.
«Caminò nuestro Cauallero por aquellas calles, poco a poco, yendo siempre hàzia la parte que sentia el sonido de las trompetas, hasta tanto que encontrò la bulla de la gente en medio de la calle mayor, la qual quando vio aquel hombre armado y con la figura dicha, pensauan que era algun estudiante que por alegrar la fiesta venia con aquella inuencion, y poniendose el, frontero del carro triunfal que delante del catredatico yua, viendo su gran maquina y que caminaua sin que le tirassen mulas, cauallos ni otros animales, se marauillò mucho y se puso a scuchar despacio la dulce musica que dentro sonaua».
Capítulo 29. Al día siguiente, salen de la posada y llegan pronto a Madrid. Allí un caballero se fija especialmente en él y lo invita a su casa. Don Quijote acepta, aunque cree que se trata del señor Perianeo de Persia.
«Yo, como Cauallero andante amigo de buscar las auenturas del mundo y prouar las fuerças de los brauos y valorosos jayanes y Caualleros, he venido oy a esta Corte del Rey Catolico, do auiendo llegado a mis oydos el gran valor de vuestra persona, y siendo tal qual yo he muchas vezes leydo en aquel autentico libro, me ha parecido me seria mal contado si dexasse de prouar mi ventura con vuestro inuencible esfuerço, oy aqui en aqueste prado, delante de todos estos vuestros Caualleros y de las demas gente que nos està mirando».
Capítulo 30. Estando hospedado en la casa de aquel caballero, don Quijote no puede evitar meterse en nuevos problemas. Tras una discusión se pelea con un paje de su propio anfitrión. Pronto llegan dos alguaciles, pero don Quijote los ataca también. Tras todo el altercado, con un herido, aparece el titular de la casa y explica a los allí presentes la condición en la que se encuentra su huésped.
«Don Quixote, que tal oyò, metio mano a su espada y se fue hecho vn rayo para el page; el, en viendolo, se baxó por la ancha escalera en la calle, y saliendo a su puerta dezia a vozes: salga el vellaco que pone lengua en mi señor, que yo hare que le cueste caro, y diziendo y haziendo, tomò vna piedra de la calle contra don Quixote, el qual salio tambien a ella armado como estaua y con la espada en la mano, y cubierto con su adarga se fue contra el page, el qual anticipandose en la ofensa, le tirò la piedra que tenia con tal furia que le dio con ella tal y tan desatinado golpe, que a uno hallarle el pecho armado, le pusiera la vida en contingencia».
Capítulo 31. En este capítulo, permanecen en la casa del caballero. Aparecen unos invitados y juntos, gastan de nuevo una broma a los allí presentes. Después descubren su identidad. Uno es don Carlos y el otro resulta ser el ya conocido Álvaro Tarfe. Tras ser burlados, cenan y llegan a los huéspedes a sus respectivos aposentos.
«Yo, señor Sancho, no puedo dexar de salir en batalla con el señor Cauallero desamorado, de la qual saldrè sin duda con vitoria, porque mi valor es conocido y singular es el fauor que cierto Mago que tengo de mi parte me da siempre».
Capítulo 32. Don Quijote y Sancho Panza se presentan en la corte, delante del gran Archipampano de Sevilla y de su mujer, la Archipampanesa. En este capítulo, hay notables intervenciones de don Quijote y también de su escudero. Al final, se despiden su sus altezas y vuelven a sus alojamientos.
«Es possible, Sancho, que no ha de auer para ti guerra, conuersacion, ni passatiempo, que no sea de cosas de comer? dexa estar el escudero negro, que sobre mi que el te venga sobrado a las manos».
Capítulo 33. Durante este capítulo, prosigue la reunión con los personajes principales. No obstante, aparece el escudero negro, el servidor del gigante que reta a Sancho. Sancho evita el conflicto con su retórica y burla.
«Señor escudero negro, Sancho Pança, que soy yo, no està aqui por agora, do està dando cabo y zima a vna grande y peligrosa auentura de vna hornada de pasteles; yd por tanto a dezirle de mi parte que digo yo que venga luego a la hora de hazer batalla con vos. Pues como replicò el Secretario, siendo vos Sancho Pança mi contrario dezis que no està aqui? vos soys vna gallina; y vos vn gran gallo, respondio Sancho, por que quereys que yo estè aqui a pesar mio, no queriendo estar, por mas que sea Sancho Pança, escudero del Cauallero desamorado, y marido de Mari Gutierrez? y si niego lo que soy, mas honrado era san Pedro y negò a Iesu Christo, que era mejor que vos y la puta que os pario, mal que os pese».
Capítulo 34. En este episodio se narra la supuesta batalla entre el gigante Bramidan y don Quijote. Al final aparece la infanta Burlerina y le habla de las penurias que están sucediendo en la ciudad de Toledo. El objetivo de don Quijote cambia. En este capítulo se adelanta el futuro de los tres personajes: don Quijote, Sancho Panza y Bárbara. Bárbara acepta el ofrecimiento de quedarse en un asilo para mujeres con una renta de por medio.
«Ven qui, señores, vna de las mas desaforadas bestias que en toda la bestieria se puede hallar; este es el demonio de Tajayunque, que solo para perseguir a mi amo, ha mas de quatro meses que ha venido del cabo del mundo, y son tan endiabladas sus armas, que solo paraque se las traygan ha menester diez pares de bueyes, y si no, mirenle la espada con que dizen que suele cortar vn ayunque de herrero por medio».
Capítulo 35. En este capítulo el Archipampano ofrece trabajo a Sancho y ambos acuerdan escribir una carta a su mujer para contarle la oferta.
«Pues aueys de saber que lo que ma mouido siempre a esto ha sido el veros tan hombre de bien y de buenas entrañas, teniendo lastima de que vna persona de vuestra edad y buenas partes, padeciesse, y mas en compañia de vn loco tal qual es don Quixote; en el qual, por serlo tanto, no podiades dexar de dar en mil desgracias, porque sus locuras, desatinos y arrojamientos no pueden prometer buen sucesso a el, ni a quien se le acompañare».
Capítulo 36. Don Quijote, con la excusa de la aventura de Toledo, es llevado a la ciudad en compañía de la supuesta infanta Burlerina y Álvaro Tarde. Al entrar en la ciudad, entran con don Quijote en la casa del Nuncio de Toledo, para que traten su locura. Allí es encerrado, después de que sus acompañantes hubieran descrito su situación personal y dejando un dinero para que lo traten tan buenamente como puedan. Al final del capítulo, se dice que don Quijote salió de allí y volvió a encontrarse con Sancho y que de vuelta a casa, le volvió la locura, tomando como escudero a una mujer que creía hombre. Antes de volver a su tierra, se menciona que vivió algunas aventuras en Castilla la Vieja y que fue apodado el Caballero de los Trabajos.
«Señor armado, este moço le engaña, y sepa que esta casa es la de los locos que llaman del Nuncio, y todos los que estan en ella estan tan faltos de juyzio como v. m., y si no, aguardese vn poco y vera como bien presto le meten con ellos, que su figura y talle, y el venir armado, no prometen otra cosa sino que le traen engañado estos ladrones de guardianes para echalle vna muy buena cadena y dalle muy gentiles tundas hasta que tenga seso, aunque le pese, pues lo mismo han hecho conmigo».
«Al cabo de vn gran rato se puso en seco a reyr con muestras de grande gusto, y luego començò a llorar amarguissimamente, diziendo: A, señor Cauallero, y si supiesseys quien soy sin duda os moueria a grandissima lastima, porque aueys de saber que en profession soy Theologo, en ordenes, sacerdote; en Philosophia, Aristoteles; en medicina, Galeno; en canones, Azpilcueta; en Astrologia, Ptolomeo; en leyes, Curcio; en retorica, Tulio; en poesía, Homero; en música, Anfión, y finalmente en sangre, noble; en valor, vnico; en amores, raro; en armas, sin segundo, y en todo el primero soy principio de desdichados y fin de venturosos».
«Pero si quiere que le diga la buena ventura en pago de la buena obra que me ha de hazer con darme la libertad que me ofrece, deme la mano por esta reja, que le dire quanto le ha sucedido y le ha de suceder porque se mucho de quiromancia. Quitose don Quixote la manopla creyendole senzillamente, y metio la mano por entre la reja, pero a penas lo vuo hecho quando, sobreuiniendole al loco vna repentina furia, le dio tres ò quatro bocados crueles en ella, asiendole a la postre el dedo pulgar con los dientes, de suerte que faltò harto poco para cortarsele a cercen».









