El Quijote. Esquema (Parte 2)

Gustave Doré, illustration of the Book L’ingenieux Hidalgo Don Quixote de la Mancha. Hachette Edition (1869)

Siguiendo con mi voluntad de realizar un esquema general del Quijote, he aquí la segunda parte realizada sobre la misma edición de Francisco Rico. Como en la anterior entrada, he decidido realizar un resumen esquemático, incluyendo algunas citas relevantes y algunas ilustraciones de Gustave Doré (1832–1883). Son muchas las citas que podrían escogerse, pero en este caso, al tratarse de una entrada, he decidido escoger sólo una por capítulo.

La segunda parte del Quijote, originalmente titulada Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, fue publicada en 1615 por Miguel de Cervantes Saavedra (1547–1616), diez años después de la primera parte. Durante ese periodo de tiempo entre ambas partes había sido publicado el Quijote apócrifo, también conocido como El Quijote de Avellaneda, cuyo título completo fue Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, publicado en 1614. Las referencias a esta obra paralela de autor desconocido se hacen presentes en esta segunda parte e incluso se da realidad a los personajes ahí descritos en el capítulo 72 cuando don Quijote se encuentra con Álvaro Tarfe. Al final de la primera parte original, se hacía referencia a un tercer viaje que había realizado Don Quijote a Zaragoza. En esta segunda parte, aunque el viaje se inicia hacia Zaragoza, don Quijote interrumpe su rumbo y se dirige hacia Barcelona, lugar donde tendrán lugar las últimas aventuras antes de su camino de regreso a la aldea. Como dato curioso, aquí descubrimos la escena referida a los perros de Sancho, descubriendo que la cita de «Ladran luego cabalgamos» evidentemente no es del Quijote sino una adaptación más bien de una obra de Goethe.

Capítulo 1. El barbero y el cura hablan con don Quijote para conocer su estado mental. El barbero narra el cuento del loco de Sevilla. Se termina con un ruido en el exterior, el ama y la sobrina dan voces.

«Visitáronle, en fin, y halláronle sentado en la cama, vestida una almilla de bayeta verde, con un bonete colorado toledano; y estaba tan seco y amojamado, que no parecía sino hecho de carne momia».

Capítulo 2. Sancho Panza intenta visitar a su señor, pero el ama y la sobrina intentan impedírselo. Finalmente logra reunirse con él. Sancho le habla del bachiller Sansón Carrasco. Quiere que don Quijote lo conozca.

«—Yo te aseguro, Sancho —dijo don Quijote—, que debe de ser algún sabio encantador el autor de nuestra historia, que a los tales no se les encubre nada de lo que quieren escribir».

Capítulo 3. Sansón se reúne con don Quijote y Sancho. Los tres dialogan sobre los escritos del Quijote. Salen a colación algunos interrogante de la historia, como el destino de los cien escudos o el problema del rucio de Sancho.

Capítulo 4. Prosigue el diálogo sobre las cuestiones referidas por Sansón. Aquí aparece la idea de retomar la aventura. Quedan en salir en ocho días.

Capítulo 5. Diálogo entre Sancho Panza y su mujer. Capítulo escrito como un texto apócrifo. Hablan de Mari Sancha, de la hija de ambos.

Capítulo 6. Diálogo entre don Quijote con su sobrina y su ama. Hablan de la caballería. Se dan cuenta de que don Quijote desea salir de nuevo.

«—¡Ay, desdichada de mí —dijo la sobrina—, que también mi señor es poeta! Todo lo sabe, todo lo alcanza: yo apostaré que si quisiera ser albañil, que supiera fabricar una casa como una jaula».

Capítulo 7. Narra lo sucedido después. Sancho se reencuentra con su amo después de hablar con Teresa Panza. Mientras, la señora ama le habla al bachiller de la desgracia de don Quijote. Él le recomienda que realice una oración a Santa Apolonia. El bachiller, hablando con don Quijote, le pide poder acompañarlos en los inicios de su aventura.

«—No es nada, señor Sansón mío, sino que mi amo se sale, ¡sálese sin duda!».

Capítulo 8. Don Quijote y Sancho parten de la aldea. Marchan para visitar a Dulcinea del Toboso. Durante el camino hablan del camino del caballero y el de la santidad.

«—Con todo eso, vamos allá, Sancho —replicó don Quijote—, que, como yo lo vea, eso se me da que sea por bardas que por ventanas, o por resquicios, o verjas de jardines, que cualquier rayo que del sol de su belleza llegue a mis ojos alumbrará mi entendimiento y fortalecerá mi corazón, de modo que quede único y sin igual en la discreción y en la valentía».

Capítulo 9. Llegan a Toboso, pero no dan con el palacio donde debe vivir Dulcinea. Sancho recomienda salir de la ciudad y esperar a que se haga de día.

«No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho».

«—Con la iglesia hemos dado, Sancho».

Capítulo 10. Estando en el bosque, aparecen tres labradoras montadas. Don Quijote las para, pero éstas hacen oídos sordos a sus palabras. Don Quijote cree que Dulcinea ha sido encantada y convertida en una vulgar labradora.

«—Yo lo creo, amigo —replicó don Quijote—, porque ninguna cosa puso la naturaleza en Dulcinea que no fuese perfecta y bien acabada; y así, si tuviera cien lunares como el que dices, en ella no fueran lunares, sino lunas y estrellas resplandecientes».

Capítulo 11. Suceso del carro de la muerte. Resulta ser un carro en el que van diversas personas disfrazadas para una actuación (diablo, ángel, cupido, reina, muerte…). Un demonio bailador, haciendo ruido con unas vejigas de vaca, provoca que don Quijote caiga del caballo. Éste, aprovechando el caos, se hace con el rucio de Sancho. Aunque hay una persecución inicial, no llegan a las manos.

«Responder quería don Quijote a Sancho Panza, pero estorbóselo una carreta que salió al través del camino cargada de los más diversos y extraños personajes y figuras que pudieron imaginarse. El que guiaba las mulas y servía de carretero era un feo demonio. Venía la carrera descubierta al cielo abierto, sin toldo ni zarzo. La primera figura que se ofreció a los ojos de don Quijote fue la de la misma Muerte, con rostro humano».

Capítulo 12. Por la noche, en el bosque, se encuentran con el caballero de los espejos, también llamado caballero del bosque. Parece un caballero andante enamorado de Casildea de Vandalia. Ambos se encuentran y deciden tener una charla mientras sus respectivos escuderos se reúnen en otra parte.

«Mientras dura el juego cada pieza tiene su particular oficio, y en acabándose el juego todas se mezclan, juntas y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura».

Capítulo 13. Narra la charla que mantienen Sancho y el escudero del caballero de los espejos.

«—Ni ella es puta, no lo fue su madre, ni lo será ninguna de las dos, Dios queriendo, mientras yo viviere. Y háblese más comedidamente, que para haberse criado vuesa merced entre caballeros andantes, que son la misma cortesía, no me parecen muy concertadas esas palabras».

Capítulo 14. Narra la charla entre los dos caballeros. El caballero de los espejos jura que su dama es la más hermosa a la vez que afirma haber derrotado a un caballero llamado don Quijote de la Mancha. La discusión sólo puede terminar en duelo. En unas circunstancias muy particulares, don Quijote tumba al caballero rival. Éste resulta ser el bachiller Sansón y su escudero afirma ser Tomé Cecial, vecino de la aldea. Don Quijote cree que se trata de un nuevo engaño y obliga a su rival caído a desdecirse de sus palabras.

«Encontró al de los Espejos, con tanta fuerza, que mal de su grado le hizo venir al suelo por las ancas del caballo, dando tal caída, que sin mover pie ni mano dio señales de que estaba muerto».

«—Confieso —dijo el caído caballero— que vale más el zapato descosido y sucio de la señora Dulcinea del Toboso que las barbas mal peinadas, aunque limpias, de Casildea, y prometo de ir y volver de su presencia a la vuestra y daros entera y particular cuenta de lo que me pedís».

Capítulo 15. Tras la victoria de don Quijote, se explica el plan que habían urdido el cura, el barbero y el bachiller para hacer volver al hidalgo a casa.

«Don Quijote loco, nosotros cuerdos, él se va sano y riendo; vuestra merced queda molido y triste».

Capítulo 16. Por el camino aparece un distinguido hidalgo llamado el caballero del verde gabán. Su nombre real es Diego de Miranda. Viajan juntos hasta que don Quijote distingue un carro con banderas reales.

«Se arrojó del rucio y con gran priesa le fue a asir del estribo derecho, y con devoto corazón y casi lágrimas le besó los pies una y muchas veces».

Capítulo 17. Aventura de los leones. Don Quijote sale victorioso y se autodenomina Caballero de los Leones.

«Y volviéndose a Sancho, le pidió la celada; el cual, como no tuvo lugar de secar los requesones, le fue forzoso dársela como estaba. Tomola don Quijote, y sin que echase de ver lo que dentro venía, con toda priesa se la encajó en la cabeza; y como los requesones se apretaron y exprimieron, comenzó a correr el suero por todo el rostro y barbas de don Quijote, de lo que recibió tan susto…».

Capítulo 18. El Caballero del Verde Gabán los aloja en su casa. Allí conocen a su mujer, doña Cristina y a su hijo, don Lorenzo. El hijo de Diego y don Quijote mantienen una charla.

«No hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo».

Capítulo 19. Don Quijote y Sancho salen de la casa de Diego y se encuentran un grupo de estudiantes y labradores. Éstos les cuentan la próxima boda de Camacho y Quiteria, incluyendo la desdicha de Basilio. Al llegar a la ciudad, rechazan la hospitalidad de sus acompañantes.

«El amor, según yo he oído decir, mira con unos antojos que hacen parecer oro al cobre, a la pobreza, riqueza, y a las lagañas, perlas».

Capítulo 20. Describe la boda y el banquete ofrecido por Camacho el rico. Allí son testigos de una actuación, danza o ballet hablado.

«—¡A la barba de las habilidades de Basilio!, que tanto vales cuanto tienes, y tanto tienes cuanto vales. Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una abuela mía, que son el tener y el no tener».

Capítulo 21. Sucesos de las bodas de Camacho, con la aparición de Basilio. Tras pacificar al bando de Camacho, don Quijote y Sancho acuden invitados a su aldea.

«—Aquí no ha de haber más de un sí, que no tenga otro efecto que el pronunciarle, pues el tálamo de estas bodas ha de ser la sepultura».

Capítulo 22. Tras permanecer tres días con los novios, don Quijote y Sancho salen de nuevo. Deciden ir a la cueva de Montesinos. El licenciado de la espada le envía a un primo suyo para que los guie. Al final del capítulo don Quijote se adentro en la cueva.

«¿Sabríame decir, que sí sabrá, pues todo lo sabe, quién fue el primero que se rascó en la cabeza, que yo para mí tengo que debió de ser nuestro padre Adán».

Capítulo 23. Narración de la aventura en la Cueva de Montesinos. Don Quijote narra las aventuras que ahí ha vivido y que según él, deben haber durado unos tres días.

«Al cabo y fin de las hileras venía una señora, que en la gravedad lo parecía, asimismo vestida de negro, con tocas blancas tan tendidas y largas, que besaban la tierra. Su turbante era mayor dos veces que el mayor de alguna de las otras; era cejijunta, y la nariz algo chata; la boca grande, pero colorados los labios; los dientes, que tan vez los descubría, mostraban ser ralos y no bien puestos, aunque eran blancos como unas peladas almendras; traía en las manos un lienzo delgado, y entre él, a lo que pude divisar, un corazón de carne momia, según venía seco y amojamado».

Capítulo 24 Tras el suceso de la cueva, se dirigen hacia una venta, aunque primero visitan una ermita tratando de encontrar al ermitaño. Por el camino hacia la venta se encuentran un mozo con quien entablan diálogo.

Capítulo 25. Ya en la venta, el mozo les narra la aventura del rebuzno. Aparece el titerero y tiene lugar el hecho del mono adivino, un mono que adivina cosas del pasado y del futuro.

«Trae asimismo consigo un mono de la más rara habilidad que se vio entre monos ni se imaginó entre hombres, porque, si le preguntan algo, está atento a lo que le preguntan y luego salta sobre los hombros de su amo y, llegándosele al oído, le dice la respuesta de lo que le preguntan, y maese Pedro la declara luego».

Capítulo 26. Don Quijote es testigo del teatrillo en que se representa la narración de don Gaiferos y Melisendra. Durante el acto, don Quijote ataca las figuritas que representan la escena. El maese Pedro les pide una compensación.

«—Dáselos, Sancho —dijo don Quijote—, no para tomar el mono, sino la mona».

Capítulo 27. Capítulo donde se explica que el titerero es en realidad Ginés de Pasamonte. Tras salir de la venta, se encuentran con un grupo de hombres armados. Son del pueblo del rebuzno. Tras intentar calmarlos, Sancho mete la pata y don Quijote huye antes de que lo alcancen.

Capítulo 28. Sancho y don Quijote hablan sobre lo vivido. Entre otras cosas, le pide una paga. Al final, por querer en demasía su cobro, termina con su amo enfadado y sin paga.

«La valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo. Y, así, yo confieso que me he retirado, pero no huido».

Capítulo 29. Aventura del barco encantado. Se suben a una pequeña barca de pescadores y con ella, don Quijote cree que ya deben estar cruzando medio mundo. Al final, se encuentran con unos molinos de agua y don Quijote cree que son castillos que albergan alguna dama en apuros. Salvan la vida de milagro.

«Pero vínole bien a don Quijote, que sabía nadar como un ganso, aunque el peso de las armas le llevó al fondo dos veces, y si no fuera por los molineros, que se arrojaron al agua y los sacaron como en peso a entrambos, allí había sido Troya para los dos».

Capítulo 30. Por el bosque se encuentran con una hermosa cazadora que se hace llamar duquesa. Ella y su marido les invitan a su castillo. Ya conocen la historia de don Quijote y por eso indican a sus criados que le sigan la corriente.

«Acudió Sancho a tenerle el estribo; pero fue tan desgraciado, que al apearse del rucio se le asió un pie en una soga del albarda, de tal modo, que no fue posible desenredarse, antes quedó colgado de él, con la boca y los pechos en el suelo».

Capítulo 31. Narra lo sucedido en el castillo de los duques, el incidente con doña Rodríguez de Grijalba, el cuento de Sancho y las palabras del eclesiástico.

«—Hijo de puta —dijo la dueña, toda ya encendida en cólera—, si soy vieja o no, a Dios daré la cuenta que no a vos, bellaco harto de ajos».

Capítulo 32. La respuesta de don Quijote al eclesiástico. Acicalan a don Quijote, dejándole con las barbas llenas de jabón. También se burlan de Sancho.

«Ella es la encantada, la ofendida, y la mudada, trocada y trastocada, y en ella se han vengado de mí mis enemigos, y por ella viviré yo en perpetuas lágrimas hasta verla en su prístino estado».

Capítulo 33. Diálogo entre Sancho Panza y la duquesa. Hablan de lo que pasó en Toboso y en la Cueva de Montesinos. Luego se lo cuenta al duque.

«Pues don Quijote de la Mancha es loco, menguado y mentecato, y Sancho Panza su escudero lo conoce, y , con todo eso, le sirve y le sigue y va atenido a las vanas promesas suyas, sin duda alguna debe de ser él más loco y tonto que su amo».

Capítulo 34. Llevan a don Quijote y a Sancho de caza. Allí, los duques montan su nueva burla. Aparece un jinete vestido de diablo y luego unos carros repletos de gente disfrazada.

«Pocas veces vio a Sancho Panza sin ver al rucio, ni al rucio sin ver a Sancho: tal era la amistad y buena fe que entre los dos se guardaban».

Capítulo 35. Aparece Merlín con Dulcinea y les dice que para desencantarla, Sancho debe darse 3.300 azotes en el trasero descubierto.

«—Ni ajena ni propia, ni pesada ni por pesar —replicó Sancho—: a mí no me ha de tocar alguna mano. ¿Parí yo por ventura a la señora Dulcinea del Toboso, para que paguen mis posas lo que pecaron sus ojos?»

Capítulo 36. Diálogo entre Sancho la condesa. Él le enseña la carta que ha enviado a Teresa, su mujer. Más tarde aparece un hombre barbudo llamado Trifaldín el de la Barba Blanca, escudero de la condesa Trifaldi.

Capítulo 37. Aventura de la dueña dolorida (condesa Trifaldi)

«De lo que saco que pues todas las dueñas son enfadosas e impertinentes, de cualquiera calidad y condición que sean, ¿qué serán las que son doloridas, como han dicho que es esta condesa Tres Faldas, o Tres Colas? Que en mi tierra faldas y colas, colas y faldas, todo es uno».

Capítulo 38. Prosigue la condesa Trifaldi con su narración.

«Se llamó la condesa Lobuna, a causa que se criaban en su condado muchos lobos, y que si como eran lobos fueran zorras, la llamaran la condesa Zorruna».

Capítulo 39. Prosigue la misma historia. Las mujeres se quitan el antifaz y se descubren con rostros barbados, pues fueron hechizadas por el gigante Malambruno.

«Y luego la Dolorida y las demás dueñas alzaron los antifaces con que cubiertas venían, y descubrieron los rostros todos poblados de barbas, cuáles rubias, cuáles negras, cuáles blancas y cuáles albarrazadas».

Capítulo 40. Piden a don Quijote que las socorra. Les habla de Clavileño el Alígero, el caballo de madera que es capaz de volar por el aire.

«Válgate mil satanases, por no maldecirte por encantador y gigante, Malambruno».

Capítulo 41. Aventura sobre Clavideño. Tras el regreso, Sancho dice haber visto la tierra desde el cielo.

«—No soy verde, sino moreno —dijo Sancho—, pero aunque fuera de mezcla, cumpliera mi palabra».

«Bien es verdad que sentí que pasaba por la región del aire y aun que tocaba a la del fuego, pero que pasásemos de allí no lo puedo creer, pues estando la región del fuego entre el cielo de la luna y la última región del aire, no podíamos llegar al cielo donde están las siete cabrillas que Sancho dice sin abrasarnos; y pues no nos asuramos, o Sancho miente o Sancho sueña».

Capítulo 42. Primeros consejos de don Quijote a Sancho Panza.

«Tú, que para mí sin duda alguna eres un porro, sin madrugar ni trasnochar y sin hacer diligencia alguna, con solo el aliento que te ha tocado de la andante caballería, sin más ni más te ves gobernador de una ínsula, como quien no dice nada».

Capítulo 43. Don Quijote prosigue dando consejos a Sancho Panza.

«—En lo que toca a cómo has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo primero que te encargo es que seas limpio y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer, como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos, como si aquel excremento y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero, puerco y extraordinario abuso».

Capítulo 44. Don Quijote queda triste y solo por la ausencia de su escudero. Entra en escena Altisidora.

«¡Que tengo de ser tan desdichado andante que no ha de haber doncella que me mire que de mí no se enamore!».

Capítulo 45. Narra la posesión de la ínsula de Barataria por Sancho Panza. Describe sus tres primeros pleitos como gobernador.

«Diéronle a entender que se llamaba la ínsula Barataria, o ya porque el lugar se llamaba Baratario o ya por el barato con que se le había dado el gobierno».

Capítulo 46. Prosigue la historia describiendo las acciones de la enamorada Altisidora. Los duques preparan una nueva burla, soltando sobre las rejas de su habitación un saco lleno de gatos con cencerros. Uno de ellos ataca a don Quijote, que queda malherido y con necesidad de reposo.

«—Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinancia; y plega a Dios que se olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú lo goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro».

Capítulo 47. Vuelve a la ínsula de Sancho. El gobernador intenta cenar pero el médico le prohíbe todo tipo de comida por prescripción médica. Más tarde recibe una carta del duque advirtiéndole de un próximo peligro. Al final recibe una visita de un labrador pintor y socarrón.

«Y así mandé quitar el plato de la fruta, por ser demasiadamente húmeda, y el plato del otro manjar también le mandé quitar, por ser demasiadamente caliente y tener muchas especies, que acrecientan la sed, y el que mucho bebe mata y consume el húmedo radical, donde consiste la vida».

«Quíteseme luego delante: si no, voto al sol que tome un garrote y que a garrotazos, comenzando por él, no me ha de quedar médico en toda la ínsula».

Capítulo 48. El suceso que viven don Quijote y doña Rodríguez en sus aposentos. Ambos terminan escaldados.

«—Conjúrote, fantasma, o lo que eres, que me digas quién eres y que me digas qué es lo que de mí quieres. Si eres alma en pena, dímelo, que yo haré por ti todo cuanto mis fuerzas alcanzaren, porque soy católico cristiano y amigo de hacer bien a todo el mundo, que para esto tomé la orden de la caballería andante que profeso, cuyo ejercicio aun hasta hacer bien a las ánimas de purgatorio se extiende».

Capítulo 49. Sancho Panza, rondando por su ínsula, se encuentra algunos desafíos.

«—Pocas me quedan por decir —respondió la doncella—, aunque muchas lágrimas sí que llorar, porque los mal colocados deseos no pueden traer consigo otros descuentos que los semejantes».

Capítulo 50. Cide Hamete cuenta la causa del castigo que sufrieron don Quijote y doña Rodríguez. En este capítulo narra la llegada de un paje a la villa, siendo éste mensajero de la carta de la duquesa a Teresa Panza. Aquí se menciona a Sanchica, la hija de Sancho Panza. El cura y el bachiller son testigos incrédulos de las buenas de la duquesa.

«Y si hubiere menester alguna cosa, no tiene que hacer más que boquear, que su boca será medida, y Dios me la guarde».

Capítulo 51. Nuevos desafíos para Sancho Panza, incluyendo un desafío formulado en forma de paradoja. Llega una carta de don Quijote. Sancho la lee y le escribe una contestación a su antiguo señor.

«Juró y dijo que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. repararon los jueces en el juramento y dijeron: Si a ese hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y conforme a la ley debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre».

Capítulo 52. Narra la petición de doña Rodríguez a don Quijote, referida a la situación de su hija. Mientras, llegan dos cartas, la contestación de Teresa Panza a la duquesa y otra dirigida a su propio marido.

«Y, así, querría que antes que os escurriésedes por esos caminos desafiásedes a este rústico indómito y le hiciésedes que se casase con mi hija, en cumplimiento de la palabra que le dio de ser su esposo antes y primero que yogase con ella».

Capítulo 53. La ínsula de Sancho recibe un inesperado ataque. Cubren a Sancho con dos paveses mientras la guerra supuestamente tiene lugar. Después de la victoria, Sancho decide dejar el cargo.

«—¿Qué me tengo de armar —respondió Sancho—, ni qué sé yo de armas ni de socorros? Estas cosas mejor será dejarlas para mi amo don Quijote, que en dos paletas las despachará y pondrá en cobro, que yo, pecador fue a Dios, no se me entiende nada de estas pérdidas».

Capítulo 54. Mientras Quijote trata el tema de doña Rodríguez, Sancho abandona la ínsula y se encuentra por el camino con un paisano, Ricote el morisco.

«Y disparaba con una risa que le duraba un hora, sin acordarse entonces de nada de lo que le había sucedido en su gobierno, porque sobre el rato y tiempo cuando se come y bebe, poca jurisdicción suelen tener los cuidados».

Capítulo 55. Sancho Panza cae accidentalmente en una sima junto con su asno. Explorando el lugar, se encuentra con la voz de don Quijote. Al principio éste piensa que se trata de un espíritu, pero luego, con la ayuda de los hombres del duque, sacan a Sancho de la sima.

«Allí vio él visiones hermosas y apacibles, y yo veré aquí, a lo que creo, sapos y culebras».

Capítulo 56. Lucha entre don Quijote y Tosilos por el asunto de la hija de doña Rodríguez.

Capítulo 57. Don Quijote se despide del duque. Antes de partir, recibe una última canción de su enamorada Altisidora.

Capítulo 58. Por el bosque descubren un grupo de labradores. Éstos les enseñan lo que portan, imágenes de santos caballeros (San Jorge, San Martín, San Diego Matamoros y San Pablo). Más tarde se encuentran con unas pastoras que los invitan a las tiendas donde el resto del pueblo los recibe con alegría. Más tarde sucede el incidente con los toros.

«—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres».

Capítulo 59. Prosiguen el camino y llegan a una venta. Allí se encuentran con don Jerónimo y don Juan, que parecen estar leyendo una parte apócrifa de Don Quijote de la Mancha.

«—Quienquiera que dijere que don Quijote de la Mancha ha olvidado ni puede olvidar a Dulcinea del Toboso, yo le haré entender con armas iguales que va muy lejos de la verdad; porque la sin par Dulcinea del Toboso ni puede ser olvidada, ni en don Quijote puede caber olvido: su blasón es la firmeza, y su profesión, el guardarla con suavidad y sin hacerse fuerza alguna».

Capítulo 60. Al conocer que hay un historiador que dice sandeces de su persona, decide abandonar su viaja a Zaragoza e ir a Barcelona. Durante el camino se encuentran con unos bandoleros capitaneados por Roque Guinart. En este capítulo tiene lugar la triste historia de Claudia Jerónima.

«—Yo soy —respondió don Quijote—, que vengo a suplir tus faltas y a remediar mis trabajos: véngote a azotar, Sancho, y a descargar en parte la deuda a que te obligaste. Dulcinea perece, tú vives en descuido, yo muero deseando; y así, desatácate por tu voluntad, que la mía es de darte en esta soledad por lo menos dos mil azotes».

Capítulo 61. Capítulo breve donde se narra la espectacular llegada a Barcelona.

«—Bien sea venido a nuestra ciudad el espejo, el farol, la estrella y el norte de toda la caballería andante, donde más largamente se contiene; bien sea venido, digo, el valeroso don Quijote de la Mancha: no el falso, no el ficticio, no el apócrifo que en falsas historias estos días nos han mostrado, sino el verdadero, el legal y el fiel que nos describió Cide Hamete Benengeli, flor de los historiadores».

Capítulo 62. Don Quijote se queda en casa de don Antonio Moreno. En su casa tiene lugar el suceso de la cabeza encantada.

«Y por precio de mil escudos que le di labró esta cabeza, que tiene propiedad y virtud de responder a cuantas cosas al oído le preguntaren».

Capítulo 63. Estando en la playa, descubren las galeras y son testigos de la historia de la hermosa morisca, Ana Félix. Ella resulta ser la hija de Ricote, que también está presente.

«—¡Ah, Sancho amigo, y con qué brevedad y cuán a poca costa os podíades vos, si quisiésedes, desnudar de medio cuerpo arriba, y poneros entre estos señores y acabar con el desencanto de Dulcinea!».

Capítulo 64 Capítulo donde tiene lugar el enfrentamiento con el Caballero de la Blanca Luna. Tras la derrota, don Quijote se niega a aceptar las condiciones de la derrota referida a Dulcinea del Toboso. En su lugar prefiere la muerte. El vencedor le perdona la vida a cambio que mantenga su palabra de volver a casa y dejar las aventuras durante un año.

«—Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra».

Capítulo 65. Antonio moreno descubre la identidad del caballero. Resulta ser el bachiller Sansón Carrasco.

«Soy del mismo lugar de don Quijote de la Mancha, cuya locura y sandez mueve a que le tengamos lástima todos cuantos le conocemos, y entre los que más se la han tenido he sido yo».

Capítulo 66. Don Quijote y Sancho Panza salen de Barcelona rumbo a casa. El viaje se inicia con la tristeza y abatimiento de don Quijote. Durante el camino tienen lugar algunos sucesos como la sentencia de Sancho en el mesón con los labradores y encuentro con Tosilos, lacayo del duque.

«—Responde en buena hora —dijo don Quijote—, Sancho amigo, que yo no estoy para dar migas a un gato, según traigo alborotado y trastornado el juicio».

Capítulo 67. Don Quijote toma la resolución de hacerse pastor junto con varios de sus paisanos.

«Yo compraré algunas ovejas y todas las demás cosas que al pastoral ejercicio son necesarias, y llamándome yo el pastor Quijótiz y tú el pastor Pancino, nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando aquí, endechando allí, bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos o de los caudalosos ríos».

Capítulo 68. Tiene lugar el suceso inesperado de los cerdos. Ambos se encuentran con una piara de cerdos. Más tarde son apresados por unos hombres muy extraños que los llevan al castillo del duque.

«—Déjalos estar, amigo, que estar afrenta es pena de mi pecado, y justo castigo del cielo es que a un caballero andante vencido le coman adivas y le piquen avispas y le hollen puercos».

Capítulo 69. Aventura del túmulo de Altisodora. Las acciones realizadas sobre Sancho salvan a la doncella de la muerte, esto refuerza la realidad del hechizo de doña Dulcinea.

«En medio del patio se levantaba un túmulo como dos varas del suelo, cubierto todo con un grandísimo dosel de terciopelo negro, alrededor del cual, por sus gradas, ardían velas de cera blanca sobre más de cien candeleros de plata; encima del cual túmulo se mostraba un cuerpo muerto de una tan hermosa doncella, que hacía parecer con su hermosura hermosa a la misma muerte».

Capítulo 70. Se explica el engaño de la aventura anterior, así como también la travesía que había realizado el bachiller Carrasco bajo la figura del Caballero de la Blanca Luna. En este capítulo sucede un diálogo entre don Quijote y Altisodora donde se entrevé parte del engaño. Aquella tarde se despiden del duque y salen de nuevo.

«—¡Vive el Señor, don bacallao, alma de almirez, cuesco de dátil, más terco y duro que villano rogado cuando tiene la suya sobre el hito, que si arremeto a vos, que os tengo de sacar los ojos! ¿Pensáis por ventura, don vencido y don molido a palos, que yo me he muerto por vos? Todo lo que habéis visto esta noche ha sido fingido, que no soy yo mujer que por semejantes camellos había de dejar que me doliese un negro de la uña, cuanto más morirme».

Capítulo 71. Sancho decide darse los azotes a cambio de dinero, pero engaña a su amo. Le hace creer que golpea sus posaderas cuando realmente azota a los árboles.

«—¡Oh Sancho bendito, oh Sancho amable —respondió don Quijote—, y cuán obligados hemos de quedar Dulcinea y yo a servirte todos los días que el cielo nos diere de vida! Si ella vuelve al ser perdido, que no es posible sino que vuelva, su desdicha habrá sido dicha, y mi vencimiento, felicísimo triunfo».

Capítulo 72. Don Quijote encuentra a Álvaro Tarfe, el cual ha sido testigo de la existencia del segundo Quijote (el de Avellaneda). Al final consiguen llegar a la aldea.

«—Sin duda alguna pienso que vuestra merced debe de ser aquel don Álvaro Tarfe que anda impreso en la segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha recién impresa y dada a la luz del mundo por un autor moderno».

Capítulo 73. Durante la travesía tiene lugar un pequeño suceso inesperado, el de la libre. Don Quijote lo toma como un mal presagio, en referencia a Dulcinea. Al encontrarse con su gente, les hablan del proyecto pastoril al cura y al bachiller. Finalmente, Sancho se encuentra con su Teresa y Sancho con el ama y su sobrina, Antonia Quijana.

«Don Quijote, sin guardar términos ni horas, en aquel mismo punto se apartó a solas con el bachiller y el cura, y en breves razones les contó su vencimiento y la obligación en que había quedado de no salir de su aldea en su año, la cual pensaba guardar al pie de la letra, sin traspasarla en un átomo, bien así como caballero andante obligado por la puntualidad y orden de la andante caballería, y que tenía pensado de hacerse aquel año pastor y entretenerse en la soledad de los campos, donde a rienda suelta podía dar vado a sus amorosos pensamientos, ejercitándose en el pastoral y virtuoso ejercicio; y que les suplicaba, si no tenían mucho que hacer y no estaban impedidos en negocios más importantes, quisieren ser sus compañeros, que él compraría ovejas y ganado suficiente que les diese nombre de pastores; y que les hacía saber que lo más principal de aquel negocio estaba hecho, porque les tenía puestos los nombres, que les vendrían como de molde. Díjole el cura que los dijese. Respondió don Quijote que él se había de llamar el pastor Quijótiz; y el bachiller, el pastor Carrascón; y el cura, el pastor Curiambroso; y Sancho Panza, el pastor Pancino».

Capítulo 74 .Al reposar, don Quijote cae malo y se desmaya de manera intermitente. Durante ese último periodo cobra la lucidez y se hace llamar Alonso Quijano el Bueno. Decide entonces hacer testamento, reniega de los libros de caballería y hacer llamar al cura para recibir los sacramentos. Finalmente muere.

«Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba; porque o fue fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido o ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama, en los cuales fue visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su bien escudero».

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